Cómo cuesta empezar. En esto de escribir digo, que es más oficio que inspiración. Domingo en la noche y lo único que quiero es tirarme en la cama a leer y dejarme llevar por el cansancio y el sueño. Depende de la lectura, claro. Últimamente me peleo con los ojos; ellos
quieren claudicar y yo los obligo a seguir las palabras en el papel.Una
lucha perdida.
Trabajo cuando muchos sufren el síndrome del domingo por la tarde. Por suerte no hay síndrome de víspera en otros días de la semana. Me ahorro la melancolía. No hay transición, solo ocio; y de sopetón... trabajo.
Decía, esta noche quisiera solo abandonarme a otras realidades, las que encuentro en páginas llenas de eso que Grijelmo llama "la seducción de las palabras". Siempre es mejor sumergirse en realidades ajenas. En todo caso es más fácil. Yo también quisiera construirlas, pero nunca estoy trabajando cuando la inspiración me sorprende, como aconseja alguien que creo es un escritor famoso. No recuerdo quien. ¿Y si trabajo y trabajo esperando que llegue? La inspiración, digo. ¿De dónde saco la vida entonces para inspirarme?.
No se qué día me sorprendió en el escalador del gimnasio. La inspiración.Ya no recuerdo qué musa iluminó mi mente; o sobre qué, mejor dicho. Pero era brillante lo que se me ocurrió. Eso sí lo sé. Lástima que despúes no lo recordé. Me pasa por no haber estado frente a la pantalla del computador o al menos frente a un papel en blanco, a la vieja usanza. Pero el gimnasio me hace bien. Alimenta mi búsqueda hedonista, la confianza para otro tipo de seducciones, tan necesarias para la vida. Un dilema.
Pero esto es oficio y disciplina. Así que le saco un rato a la noche, al placer de la pereza y a la seducción de palabras ajenas; y divago entonces, por disciplina, solo para comenzar de una vez por todas.
lunes, 10 de mayo de 2010
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